diumenge 17 d’octubre de 2010



HACERSE LA CAMA

La decadencia de la cama y el dormitorio después de la caída del Imperio Romano queda bien retratada en la frase “hacerse la cama”. Esta simple expresión, que hoy significa tan sólo alisar las sábanas y las mantas y ahuecar un par de almohadas, tenía un significado literal a principios de la Edad Media.

Desde el año 500 d.C. en adelante, no se consideraba una grave incomodidad yacer en el suelo durante la noche, o bien echarse sobre un banco para resguardarse algo de las corrientes de aire, la humedad del suelo y las ratas. Encontrarse bajo techado era ya todo un lujo. Tampoco se juzgaba de mal gusto dormir en hacinamiento con otras personas, puesto que el calor resultaba más valioso que la intimidad. Por otra parte, en aquellos tiempos de zozobra, la seguridad se conseguía casi siempre gracias al número de los que se reunían.

La paja, guardada en un saco de áspera arpillera, se extendía sobre una mesa o un banco cuando el huésped de una casa o de una posada se disponía a “hacerse la cama”. Y puesto que la paja era rutinariamente puesta a secar en el exterior o se le daba alguna otra función diurna, las camas se hacían una y otra vez.

El declive de camas y dormitorios se refleja en otro término de la Edad Media: cabecera de la cama. Hoy este concepto designa una parte de la estructura que soporta toda la cama, mas para los austeros anglos, sajones y jutos, la cabecera era meramente el lugar en el suelo donde una persona se acomodaba para pasar la noche.

La incomodidad puede convertirse gradualmente en costumbre y, en las Islas británicas, la ausencia de lechos confortables llegó a ser considerada una ventaja, un medio nocturno para fortalecer el carácter e incluso el cuerpo. Se creía que un lecho blando creaba soldados blandos, y esta creencia la expresó Edgar, rey de los escoceses, a principios del siglo XII, cuando prohibió a los nobles, que podían pagarse buenos colchones de plumas, dormir en toda superficie que, por su blandura, les llevara al afeminamiento y a la debilidad de carácter. Incluso desnudarse para pasar la noche (exceptuando quitarse las cotas de malla) era una costumbre juzgada como poco varonil. Tan austera era la vida anglosajona, que los conquistadores normandos juzgaban a sus cautivos como seres apenas más civilizados que los animales.

1 comentaris: