dijous 14 de gener de 2010

ABRELATAS (1858, Waterhury, Connetctícut)







La lata fue inventada en Inglaterra, en el año 1810, por el comerciante británico Peter Durand. Aunque introducido en Norteamérica en el año 1817, como medio de conservación de alimentos, el bote de hojalata fue virtualmente ignorado hasta el año 1861, cuando los veintitrés Estados norteños de la Unión guerrearon con los once sureños de la Confederación. Sin embargo, a pesar del gran ingenio que demostró Peter Durand al idear los envases de hojalata, olvidó por completo la necesidad de un instrumento especial que permitiera abrirlos.


En el año 1812, los soldados británicos abrían sus latas con bayonetas y navajas o, si éstas fallaban, con un disparo de fusil. Una lata de carne de ternera que se llevó al Ártico en el año 1824 el explorador británico sir William Parry, llevaba la siguiente instrucción: “Córtese alrededor de la parte superior con un escoplo y un martillo”.


Ni siquiera el inglés William Underwood, que a principios del siglo XIX estableció en Nueva Orleans la primera fábrica de conservas, juzgó necesario producir un instrumento especial para abrir sus envases. Su consejo, seguido por todos en aquellos tiempos, consistía en emplear cualquier herramienta disponible en la casa.

Sin embargo, esta omisión no se debía totalmente a un caso de estupidez difundido en ambos continentes. En realidad, las primeras latas de conserva eran grandes y de gruesas paredes, a menudo de hierro, y en ciertas ocasiones más pesadas que los alimentos que contenían. La lata de carne utilizada por sir William Parry pesaba, una vez vacía, cerca de medio kilo. Sólo cuando se generalizaron unos envases de acero más delgados, con un reborde alrededor de la parte superior, a fines de la década de 1850, el abrelatas tuvo la posibilidad de presentarse como un instrumento relativamente sencillo.


El primer abrelatas patentado, que venía a sustituir las herramientas caseras y las armas, fue inventado en el año 1858 por Ezra. Warner, de Waterbury, en el etado norteamericano de Connecticut. Era un aparato voluminoso e impresionante, que se parecía, en parte a una bayoneta y en parte a una hoz. Se introducía su gran hoja curva en el borde de la lata y, empleando la fuerza, se le hacía deslizarse sobre la periferia. Una distracción o un desliz podía causar serias heridas.


El abrelatas, tal como lo utilizamos hoy, con una rueda cortante que gira alrededor del reborde del envase, fue fruto del inventor americano William Lyman, que lo patentó en el año 1870. En el año 1925, la Star Can Opener Company, de San Francisco, perfeccionó el aparato de Lyman añadiéndole una rueda dentada, denominada “rueda alimentadora”, gracias a la cual el envase giraba, por primera vez, en sentido contrario a la rueda. Este principio básico sigue utilizándose y fue la base del primer abrelatas eléctrico, presentado en diciembre del año 1931.

2 comentaris:

  1. Saludos, Mía.
    Ha merecido el humilde abrelatas un tiempo en tu es pacio. Es una máquina simple que parece tener los años contados, porque cada día son más los abrefáciles. Como otros muchos utensilios que dejaron de ser útiles, siempre le quedará el consuelo de permanecer en los museos por los siglos de los siglos.
    Como siempre, interesante tu entrada.
    Un abrazo

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  2. Potser si, té els dies comptats com diu Mateo però, ara per ara, encara és una eina bàsica en totes les llars.
    Petons!

    Gaia

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